Dentro de la gran diversidad de aves que encontramos a lo largo de Chile, hay un grupo que siempre despierta curiosidad y admiración: las aves rapaces. En esta primera parte de nuestro blog, te invitamos a conocer las aves rapaces nocturnas, un grupo de depredadores especializados que cumplen un rol clave en la regulación de poblaciones de pequeños mamíferos, aves e insectos, contribuyendo directamente al equilibrio de los ecosistemas.
¿Qué son las aves rapaces?
El término “rapaz” viene del latín rapere, que significa “apropiarse” o “tomar por la fuerza” y describe con exactitud el modo en que estas aves capturan sus presas. Las aves rapaces son excelentes depredadoras y todas ellas comparten tres características principales:
– Pico curvado y fuerte, ideal para desgarrar carne.
– Garras poderosas y afiladas, con dedos diseñados para sujetar firmemente a sus presas.
– Vista y oído excepcionales, que las convierte en cazadoras altamente eficientes.
El grupo de las aves rapaces está conformado por los órdenes Falconiformes y Accipitriformes (rapaces diurnas) y el orden Strigiformes (rapaces nocturnas). Aunque coinciden en varios aspectos morfológicos y conductuales, los Strigiformes provienen de ancestros distintos y presentan adaptaciones únicas que los convierten en especialistas de la noche.
Aves Rapaces Nocturnas: Orden Strigiformes
Los Strigiformes — lechuzas y los búhos — son rapaces especializadas en la caza crepuscular y nocturna. Aunque algunas especies pueden estar activas de día, la mayoría despliega su mayor actividad bajo la penumbra.
Entre sus características más notables destacan:
– Ojos grandes y frontales: ocupan gran parte de la cabeza y poseen pupilas circulares con extraordinaria capacidad de dilatación, lo que les permite captar la máxima cantidad de luz en condiciones de oscuridad.
– Visión binocular: gracias a la posición frontal de los ojos pueden calcular la profundidad visual y estimar la distancia de objetos y presas. Como tienen muy poca visión lateral, realizan movimientos de cabeza hacia los costados que les permiten observar desde distintos ángulos.
– Rotación de la cabeza, hasta 270°: compensan la inmovilidad de sus ojos (fijos dentro de las órbitas), aumentando así su campo visual.
– Oído asimétrico y escucha direccional: la disposición desigual de las orejas, junto con los movimientos laterales y rotatorios de la cabeza, les permite triangular la procedencia exacta de un sonido y lanzarse con precisión sobre su presa.
– Disco facial: el característico rostro redondeado, en muchos casos con forma de corazón, funciona como antena parabólica que concentra las ondas sonoras y las dirige hacia los oídos.
– Plumaje adaptado para el vuelo silencioso, que reduce al mínimo el ruido y aumentar la eficacia en la caza.
Aunque su visión nocturna es excepcional, estudios han demostrado que el oído es el sentido más importante en la captura de presas. La combinación de ambos sentidos los convierte en depredadores altamente especializados de ambientes nocturnos.
Especies en Chile
En Chile habitan siete especies de rapaces nocturnas. Una pertenece a la familia Tytonidae: Lechuza (Tyto alba). Y seis a la familia Strigidae: Tucúquere (Bubo magellanicus), Concón (Strix rufipes), Chuncho del norte (Glaucidium peruanum), Chuncho Austral (Glaucidium nana), Pequén (Athene cunicularia), Nuco (Asio flammeus).
Algunas especies habitan bosques templados del sur, otras se distribuyen en ambientes áridos del norte o en quebradas y pampas abiertas. Incluso hay especies — como la lechuza y el pequén — que pueden encontrarse en zonas rurales y urbanas, donde cumplen un rol vital como controladores de plagas de roedores.
Una Mirada en Imágenes
Para cerrar este recorrido por las rapaces nocturnas de Chile, te invitamos a explorar una galería de fotografías tomadas durante nuestras expediciones, que muestran la belleza y particularidades de estas especies.
En Chile, el pequén (Athene cunicularia) se distribuye desde el extremo norte hasta el Seno de Reloncaví. También está presente en la Isla Santa María, en la Región del Biobío, aunque no se encuentra en Chiloé. Hacia el lado argentino, su rango de distribución en la Patagonia llega hasta Puerto Deseado. En la Región de Magallanes existen pocos registros, entre ellos en el Parque Nacional Pali Aike y en Punta Dungeness.
En Chile, el nuco (Asio flammeus) se distribuye principalmente desde la Región de Coquimbo hasta Tierra del Fuego. Existen también registros aislados en la desembocadura del río Lluta y en la Región de Arica y Parinacota. Además, está presente en el Archipiélago de Juan Fernández, específicamente en las islas Robinson Crusoe y Santa Clara.
El concón (Strix rufipes) se distribuye en Chile desde el cerro Santa Inés, en la Región de Coquimbo, hasta Puerto Williams, en la Región de Magallanes. Su hábitat principal son los bosques maduros, ya sean esclerófilos, laurifolios o de Nothofagus, aunque también puede encontrarse en áreas de monocultivos.
El tucuquere (Bubo magellanicus) se distribuye a lo largo de todo Chile, alcanzando sus registros más australes en Puerto Williams. Aunque muestra una notable capacidad de adaptación, suele preferir serranías arboladas con presencia de roqueríos. Su rango de hábitats es amplio y diverso: habita en los altos Andes, matorrales costeros secos, bosques templados —tanto secos como fríos —, la estepa patagónica y además, ambientes costeros e insulares.
El chuncho austral (Glaucidium nana) es una especie común en los bosques templados del sur de Argentina y Chile. Su distribución se extiende desde la Región de Atacama, en el norte de Chile, hasta los extremos australes del continente, alcanzando el Canal Beagle y la Isla de los Estados.








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